miércoles, 5 de septiembre de 2012

La Sociedad de la Desmemoria (II): Grecia y el Imperio de la Usura

En mi segundo post en este blog -sin tener en cuenta el mensaje de bienvenida-, comencé lo que tenía intención de convertir en una serie de entradas, dirigidas a mostrar como todas estas cosas que nos pasan hoy en día no son ninguna novedad. Como ya decía entonces, el soniquete de “hay que ser competitivos”, el  de “no podemos competir con china si no es bajando los salarios”, o el de “no hay alternativas”, no son cosas nuevas. Tampoco lo es la recientísima receta de la Troika para Grecia: trabajar 6 días a la semana bajando además el salario mínimo.

En 1770 apareció en Inglaterra  un escrito titulado Essay on Trade and Commerce. En él, su autor desgrana la ideología liberal de la época (hago un extracto al ser un texto algo largo):

"Sí se considera como una institución divina la de santificar el séptimo día de la semana, de ello se infiere que los seis días restantes se deben al trabajo,  no se puede tildar de cruel a quien imponga este precepto divino […] Que la humanidad tiende en general, por naturaleza, a la comodidad y a la inercia, es una fatal experiencia que podemos ver comprobada en la conducta de la plebe de nuestras manufacturas [...] Creo haber dicho lo bastante para demostrar que el trabajar moderadamente 6 días a la semana no es ninguna esclavitud, pero a nuestra chusma se le ha metido en la cabeza la idea fija de que, por el mero hecho de ser ingleses, gozan del privilegio de nacimiento de ser más libres y más independientes que los obreros de cualquier otro país de Europa. No negamos que esta idea encierra utilidad, en la parte en que influye en la bravura de nuestros soldados; pero cuanto menos incurran en ella los obreros de las manufacturas más saldrán ganando ellos mismos y el Estado. Los obreros no debieran considerarse nunca independientes de sus superiores. Es extraordinariamente peligroso dar alas a la muchedumbre en un estado comercial como el nuestro, en el que, de las 8 partes que forman la población total del país, hay tal vez 7 que no tienen la menor propiedad o que sólo poseen bienes insignificantes [...] El remedio no será completo hasta que los pobres de nuestras industrias se resignen a trabajar 6 días por la misma suma de dinero que hoy ganan trabajando  4". (1)

De este modo, el autor pretendía "extirparla holgazanería, el libertinaje y los sueños románticos de libertad", así como, "disminuir las tasas de beneficencia, fomentar el espíritu industrial y reducir el precio del trabajo en las manufacturas".

Si algún mérito podemos reconocerle al redactor del Essay on Trade and Commerce, es que hablaba bastante más claro y con mayor sinceridad de lo que se hace hoy en día. Sin embargo ¿Qué diferencia hay en el fondo entre los que propone el “Essay” en el siglo XVIII y lo que propone la Troika a los griegos en pleno siglo XXI? Nada. Es la misma ideología. La misma idea de que los obreros (en este caso los ciudadanos griegos) son unos vagos, y el mismo objetivo de  “reducir el precio del trabajo en las manufacturas", lo que hoy eufemísticamente llaman “mejorar la productividad”.

Lo peor de todo es que todas estas medidas no van a ayudar a la recuperación económica del país, sino a hundirlo más, con el único objeto de satisfacer las deudas contraídas (principalmente) por la banca y empresas privadas de los países periféricos, con la  banca alemana y francesa.

De esta forma, se pide medidas como la de reinstaurar la semana laboral de 6 días, o la de disminuir las prestaciones por desempleo, a sabiendas de que no funcionarán (La mal llamada “austeridad” no ha funcionado jamás en la historia económica para salir de una crisis en un contexto de recesión y falta de demanda doméstica), mientras que no se toman medidas que históricamente sí han funcionado (2), haciendo uso de una justificación que considero altamente cínica: el “riesgo moral”. 

Según este concepto, aunque sabemos que si se reformaran los estatutos del BCE para permitir que comprara directamente deuda de los Estados, y se permitiera tomar medidas económicas expansivas (incremento del gasto público en lugar de recortes), el problema se arrreglaría, no hay ninguna intención por parte de las autoridades europeas de seguir por esta senda, pues en ese caso, los “derrochadores” del sur, no sufrirían las consecuencias económicas de sus actos, lo que les llevaría a seguir comportándose de forma irresponsable. Se incurriría en un “riesgo moral”.

Sin embargo, las autoridades europeas no tienen en absoluto en cuenta el sufrimiento de miles de ciudadanos griegos, irlandeses, portugueses, italianos y españoles que están quedándose sin trabajo, sin recursos y en la miseria, mientras se les recortan además los servicios sociales del agonizante “Estado del Bienestar”. Este riesgo no parece importar en absoluto. Lo importante es “castigar a los indisciplinados” (aunque la supuesta indisciplina no sea tal, siendo el déficit consecuencia de la crisis y no al revés, o aunque los “castigadores” como Alemania, no fueran castigados cuando ellos mismos incumplían con esa misma disciplina). Lo importante es pagar a los bancos privados, que después de lucrarse inflando una burbuja financiera colosal, aprovechan su posición de poder para eludir o minimizar las que deberían ser sus perdidas, a costa de la ciudadanía y el Estado. Esto les da igual con tal de que no se caiga en el “Riesgo moral”. Pues bien, yo a esto lo llamo “riesgo inmoral”, y debería ser penado como cualquier conducta criminal.

En esto, también deberíamos tener memoria, y tanto que se habla desde la derecha de las raíces cristianas de Europa, deberían echar un ojo a las palabras de Martín Lutero en el siglo XVI:

“Los paganos pudieron creer, por arbitrio de razón, que un usurero era cuatro veces ladrón y asesino. Pero nosotros, los cristianos, los honramos y reverenciamos descaradamente por su dinero... Quien chapa, roba y quita a otro su alimento, comete un crimen tan grande (por lo que a él toca) como el que deja morir a otro de hambre y lo arruina. Y esto es lo que hace el usurero, sentado tranquilamente en su silla, cuando debiera estar colgado de un madero y comido de tantos cuervos como florines ha robado, si tuviese sobre sus huesos tanta carne que pudiesen saciarse en ella y repartírsela tantos cuervos.
Hoy en día, cuelgan a los ladrones pequeños... A los ladrones pequeños los ponen detrás de los hierros, mientras los grandes se pasean vestidos de oro y seda... No hay, pues,  sobre la tierra (después del diablo) ningún enemigo más grande del hombre que el avaro y el usurero, que quiere ser Dios sobre todos los hombres […] El usurero y el avaro querrían que el mundo entero pereciese de hambre, de sed, de luto y de miseria, si de él dependiese; para que todo fuese suyo y todos los hombres le perteneciesen como a Dios, siendo eternamente esclavos suyos. Y visten puntillas, llevan anillos y cadenas de oro, se limpian la boca y pasan por hombres buenos y virtuosos... […] El usurero quiere, pues, devorar el mundo y hacer como si le fuera útil y diera al mundo bueyes, cuando es él quien los arrebata y se los come... Y sí se pasa por la rueda y se corta la cabeza a los ladrones de los caminos, a los asesinos y salteadores, con tanta mayor razón debería pasarse por la rueda y sangrarse... arrojar a palos, maldecir y cortar la cabeza a todos los usureros”.

Si alguien no es capaz de ver reflejadas en estas palabras a los grandes bancos y a sus banqueros, que desahucian familias que no pueden pagar su hipoteca, aún quedándose con la propiedad de la vivienda, mientras reciben con la otra mano millones  de euros expropiados de los impuestos de estas mismas familias; si no es capaz de ver en estas palabras a Goldman-Sachs, especulando en el mercado de los alimentos y condenando a la hambruna y a la muerte a miles de personas en el tercer mundo; si alguien no ve en esto a los grandes empresarios que evitan pagar impuestos, si no ve en esto a sus políticos, cómplices y marionetas de los bancos y las grandes corporaciones, y vive  felizmente la ilusión de estar en una democracia; si no ve nada de esto, es que está realmente muy ciego. Y si lo ve y aún así sigue sentado impasible en su casa, y votando cada cuatro años a los partidos que promueven, apoyan o consienten estos abusos y rinden la política ante el poder económico sin ofrecer resistencia alguna, es que tampoco tiene gran cosa detrás de los ojos,  donde debería estar el cerebro, o bien que no tiene un corazón capaz de indignarse y revelarse.

Y si como sociedad no somos capaces de despertar y revelarnos ante todo esto, es que merecemos la soterrada esclavitud y la democracia de cartón que nos aguarda.

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(1) Para aquellos que estéis interesados, este texto, al igual que el de Lutero y así como otros muchos que relatan la crudeza de las condiciones de vida de los obreros en el capitalismo primitivo y salvaje al que estamos regresando, podéis leerlos en las notas que abundan en “El Capital” de Karl Marx. Algunas de estas notas son realmente escalofriantes, y reflejan la inhumanidad del sistema económico que nos rige.
(2) Hay múltiples ejemplos a lo largo de los últimos 60 años, el principal el "New Deal" que permitió recuperarse de la Gran Depresión después del crack de 1929, a través de medidas Keynesianas. Fuera del capitalismo, habría por supuesto muchas otras posibilidades.