miércoles, 1 de agosto de 2012

El discurso de la izquierda ante la austeridad

En estos días he visto varios artículos de Eduardo Garzón y Alberto Garzón entre otros, en los que se nos muestra claramente cómo el discurso dominante sobre la deuda pública y la necesidad de reducir el déficit es falsa y errónea. No obstante hay un debate a dos niveles que se ha mezclado en un todo informe, dando lugar al argumentario actual.

Por un lado, y lo más importante, sería que la deuda es, mayoritariamente, privada, y además, tal como se incide en el artículo de E. Garzón, muy concentrada en familias de grandes ingresos y sobre todo en grandes empresas.

Sin embargo, este argumento se oculta detrás de otro debate que se inició con los primeros recortes del PSOE y que tiene que ver, no tanto con si la deuda pública es o no alta, o si el déficit es o no aceptable, sino que acepta de facto la necesidad de recortes y se centra en la legitimidad de la clase política para decidir los “target” de dichos recortes; es decir, “¿Por qué congela Ud. las pensiones mientras tiene tres coches oficiales y 50 asesores?”, “¿Cómo nos piden sacrificios a los ciudadanos y no renuncian a sus muchos privilegios?, o “¿Cómo nos piden que nos apretemos el cinturón cuando ustedes los políticos dilapidan los fondos públicos en televisiones autonómicas ruinosas y aeropuertos sin aviones?”.

Es evidente que ambos argumentos tienen su razón de ser, pero el discurso oficial omite completamente el primero y deja que nos centremos en el segundo. Podemos repasar la infinidad e mensajes del tipo “Todos hemos despilfarrado”, “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, etc.

Podría parecer contradictorio que la clase política dominante centre nuestra atención sobre sus propios desmanes, pero cuentan con un apoyo electoral bastante inelástico, reflejado en un suelo electoral que se ha mantenido firme incluso en mitad de los mayores escándalos de corrupción. En este sentido, saben que es muy difícil hundirse completamente ante sus fieles. Además, una vez centrado ahí el debate, es muy fácil hacer pequeños gestos, que vuelvan a congraciarles con su electorado, aunque el efecto económico sea nulo o poco significativo (me quito la paga de navidad como diputado, pero sigo cobrando otros siete sueldos).

Esto tiene tres peligrosos efectos:

1- Nos distrae del verdadero problema, llevando el debate a un punto en el que se da por aceptado que hay que recortar el gasto público.

2- Propicia el recorte de la democracia, como estamos viendo con las peregrinas propuestas de reducir concejales, diputados, y demás cargos elegidos por el pueblo, y lo peor de todo, el discurso populista permite que el propio pueblo lo vea con buenos ojos.

3- ¿Cómo puede un político enfrentarse a este argumento sin parecer que lo que desea en realidad es que no se toquen sus privilegios y poder seguir “despilfarrando”?, ¿Cómo decirle a la gente que el despilfarro de los políticos no es lo importante?, ¿Cómo enfrentarse a los defensores de la -mal llamada- austeridad sin parecer un manirroto?

La respuesta a esta última pregunta debería ser, en mi opinión, no despreciar la segunda cuestión, sino encuadrarla siempre en su contexto y enfrentarse a ella de forma radical: ¿Austeridad? SÍ, TODA. Pero austeridad, tal como está definida la palabra, como ahorro en lo accesorio y lo superfluo, y dejando clarito que aún con eso, no arreglamos los problemas económicos de España. Algunos ejemplos:

- ¿Incompatibilidad de sueldo y pensión como ex alto cargo? ¡Por supuesto! Y ya que estamos, si se debate sobre este tema, propongamos la incompatibilidad de pluriempleos en el ejercicio de la función pública ¿Qué es eso de cobrar 78.000€ anuales como presidente del gobierno de España y más del doble, 150.000 como presidente del PP? ¿Es que es más importante, o requiere más trabajo gobernar el PP que el propio País? ¿Acaso no sale ese sueldo de los presupuestos públicos?… ¡Y eso que no hablamos de su sueldo como registrador de la propiedad: 325.000€ de nada y sin dar un palo al agua desde hace 20 años!... Pues bien, dejamos nuestra propuesta, que se vea que no estamos en contra de acabar con el despilfarro, y después la coletilla: “Eso sí, deberíamos hablar del verdadero problema, que no es el gasto público, sino la deuda privada que se está socializando”

- ¿Reducir cargos públicos?. Pues depende: reduzcamos asesores y demás puestos seleccionados "a dedo", sobre todo cuando se descubran ineficiencias, y legislemos de forma que los cargos públicos se ganen el sueldo, y no se vean esas imágenes tan pobres del parlamento casi vacío. Acabemos con las diputaciones provinciales, que nadie elige y nadie sabe para qué existen. Reformemos el Senado para que sirva para algo, o sí, eliminémoslo. ¿Se trata de reducir gastos? Pues limitemos los sueldos y las dietas de los alcaldes, concejales y demás, mediante un baremo claro que tenga en cuenta el tamaño del municipio, su población y el salario medio de la región, y con un máximo marcado por un porcentaje del sueldo del Presidente del Gobierno, que debería ser el mayor sueldo público junto con el del Jefe del Estado. Y después de proponer esto, la coletilla: “Eso sí, deberíamos hablar del verdadero problema, que no es el gasto público, sino la deuda privada que se está socializando”

Esto serían sólo dos ejemplos, pero puede haber muchos más. El que el gasto público no sea el problema determinante, no significa que no pueda instaurarse una política de austeridad, pero una de verdad. En parte, es lo que se hace desde partidos como IU, pero a veces con el propósito de rechazar medidas populistas, se corre el riesgo de votar en contra de la limitación de tal o cual privilegio, por aquello de “es que esto no es lo importante”, y eso crea una imagen altamente negativa para la izquierda entre la ciudadanía, que es justo lo que pretenden tanto los recortadores neoliberales, como los políticos y periodistas más populistas.