lunes, 23 de julio de 2012

Un negro horizonte

Una vez sobrepasada de largo la barrera de los 640 puntos en la prima de riesgo, y con la rentabilidad del bono a 10 años en un 7,5%, parece que nos acercamos a un momento realmente crucial para nuestra economía y nuestro futuro como país. Ninguna de las opciones que se abren ante nosotros me parece buena y factible al mismo tiempo, y desgraciadamente, las menos malas me parecen también las menos probables. Estos son, en mi opinión, los posibles escenarios en el corto plazo:
  1. El escenario más favorable, y a la vez el menos probable, es que Alemania y los países del norte, junto con el BCE, se den cuenta de la estrategia suicida que están siguiendo y cambien radicalmente su postura. El BCE debería comprar deuda soberana española y se deberían impulsar medidas reales y profundas de crecimiento para la zona euro y para la mutualización de la deuda (eurobonos), aunque ello pudiera implicar un incremento de la inflación, que es la mayor pesadilla de Alemania.
    A pesar de que, efectivamente, perjudicaría a corto plazo las exportaciones alemanas, sería la solución para el conjunto de la eurozona, y en el medio y largo plazo la economía alemana también se vería reforzada. Sin embargo veo este escenario altamente improbable, dada la cerrazón de Merkel, y a que sería renegar de la estrategia que inició ya hace años Alemania en solitario y que ahora intenta imponer al resto de la Unión Europea, consistente en devaluar sus salarios para ganar competitividad en el exterior. Hasta el momento, Alemania se está viendo beneficiada por la situación, ya que se financia gratis, y los países periféricos no pueden recuperar competitividad devaluando sus monedas. En este contexto, los incentivos para que Alemania cambie de parecer son casi nulos.
  2. El segundo escenario que contemplo, es que se produjese una gran coalición de los países mediterráneos junto con Irlanda e incluso con la nueva Francia del socialista Hollande. La presión conjunta en bloque, o incluso una amenaza por parte de estos países de salirse conjuntamente de la moneda única si no hay un cambio importante en la política económica –En este supuesto yo ya no metería a Francia por muy socialista que sea-, podría hacer que Alemania y el BCE se vean obligados a ceder a pesar de que sigan cerrados en su dogmatismo. Al fin y al cabo, la salida de un grupo importante de países del euro, junto devaluaciones de las monedas nacionales y auditorías de la deuda, implicaría de facto que los bancos alemanes dejarían de cobrar una parte importante de lo que les deben estos países. También lo veo muy improbable dado que la mayor parte de los gobiernos de estos países, de corte neoliberal, siguen los mismos dogmas y han dado muestras de sentir un verdadero terror, no ya de abandonar la moneda única, sino de rechistar siquiera ante las medidas que se les imponen. Por otro lado, tendría un importante coste en el corto plazo, ya que las tensiones del proceso perjudicarían a toda la economía de la zona euro. No obstante, una vez se consiguiese el objetivo de torcer el brazo alemán, y dependiendo de la profundidad del cambio de rumbo, se podría salir de la crisis razonablemente bien, y se había mantenido el euro como divisa fuerte y común.
  3. El tercer escenario que contemplo, es que se produjese una amenaza unilateral por parte de España de salirse del Euro si el BCE no alivia la presión sobre la deuda soberana española comprando bonos, y se produce un cambio de rumbo que importante en la política económica. La deuda privada española con la banca alemana es suficientemente grande por si sóla como para presionar en solitario a Alemania y conseguir algún avance. También lo veo muy improbable, sobre todo porque Rajoy ha sido desde el principio más papista que el Papa, y se ha liado a recortar incluso sin que se lo pidieran para agradar a su colega de partido Merkel. En cuanto a los efectos, tendría un coste similar, y posiblemente de mayor magnitud para la economía española, al que provocaría las tensiones de una amenaza de salida conjunta de los países periféricos, pero sería menor al coste de salirse efectivamente del euro. Las ventajas por otro lado, serían menores que las del punto anterior, ya que al no ser una acción conjunta, la iniciativa carecería de la misma fuerza, e incluso de la misma legitimidad y probablemente se conseguirían menos concesiones por parte de Alemania.
  4. El cuarto escenario es que, efectivamente, un grupo de países periféricos salgan del sistema euro y que organicen su propio sistema monetario dotándose de un banco central que funcione como tal, y dando prioridad a las políticas de crecimiento. Implicaría también en el corto plazo problemas debido a la falta de inversión y dificultades para financiarse en los mercados internacionales, así como eventuales bloqueos y represaliar por parte de los países que se quedaran en la zona euro, pero como explicába en el segundo escenario, se podría auditar la deuda para determinar cuál es deuda odiosa o ilegítima, y cual puede en consecuencia no pagarse, además de contar con un banco central que podría imprimir moneda y actuar como prestamista en última instancia de los estados comprando deuda pública. Sin embargo, el principal problema de esta idea, más allá de los costes, es el tiempo necesario para articular una acción conjunta semejante, con una moneda común para la Europa del sur.
  5. Llegamos a los escenarios que creo realmente más probables, y el primero de ellos, el más deseable, es la salida de España del euro (sí, lo he dicho: salir del euro no es lo peor que nos puede pasar).
    Dado que aún no nos han dado todo ese dinero en “condiciones extraordinariamente favorables” que diría Rajoy, al salir de la moneda única España podría fijar una convertibilidad con el euro, pasar todas las deudas a la nueva moneda, y posteriormente imprimir el dinero suficiente para pagarla, devaluando en el proceso dicha moneda. Los efectos positivos serían los clásicos de una devaluación de moneda: capacidad para pagar la deuda, dotarse de independencia en cuanto a política monetaria y mejora en competitividad. La parte negativa, sería de nuevo la dificultad en el corto plazo de conseguir financiación internacional y las posibles represalias, el encarecimiento de las importaciones y una inflación disparada. No obstante en el medio plazo (dos o tres años) permitiría a la economía española crecer a buen ritmo. Por cierto, cuando digo “permitiría”, quiero decir que lo posibilita, pero no lo asegura. Si España en solitario siguiera aplicando políticas de austeridad en lugar de establecer medidas anticíclicas de crecimiento, no llegaríamos a ninguna parte.
  6. Llegamos al sexto escenario, que desgraciadamente es el que me parece más probable y menor deseable de todos: El rescate total de España por parte de la UE, y la condena a una lenta agonía económica en la que todos nuestros esfuerzos se centren en seguir recortando suicidamente para desviar ese dinero a pagar la deuda que en su día bancos y empresas privadas españolas (y cajas semipúblicas controladas por políticos también, todo sea dicho) contrajeron con los bancos privados alemanes durante la burbuja inmobiliaria. Esto podría durar años o incluso décadas mientras que la economía española o la sociedad lo aguante.
Después podría suceder que, como parece que va a pasar ahora con Grecia, una vez exprimido el país, cuando nuestros acreedores hayan minimizado y diluido sus pérdidas, se nos abandone a nuestra suerte y se nos expulse entonces del euro.
Estas son mis previsiones desde una óptica puramente económica. Cualquiera de ellas sería mejor que mantener en el tiempo la situación actual de "rescate light", en la que el gobierno realiza todos los recortes que le "recomiendan" (o incluso cuando no se los recomiendan), pero en lugar de recibir a cambio 300.000 o 400.000 millones de euros, recibe una limosna de 30.000 millones. Por cierto, algún día habrá que analizar los efectos en nuestra situación de la política de negociación de Rajoy, consistente en dar todas las concesiones sin exigir contrapartidas equivalentes, y a la vez hacer declaraciones triunfalistas a los medios, haciendo ver que sus socios europeos han sido víctimas de su extraordinaria astucia y artes de trilero, con el consecuente cabreo de dichos socios.
Por otro lado, desde el punto de vista social, las consecuencias son, salvo en algunas las primeras opciones, de un sufrimiento enorme para las clases populares trabajadoras. Incluso también puede pasar que, llegados a un punto de no retorno, sean las armas las que hablen de nuevo en España o incluso en toda Europa.