lunes, 28 de enero de 2013

Dinero ¿Para qué?


Hace unos días, tuve una conversación sobre la corrupción generalizada que se percibe en nuestras instituciones y que afecta desde la clase política, a la empresarial y financiera, llegando también al nivel de los pequeños fraudes de autónomos y trabajadores (aunque estos últimos tengan un impacto muy inferior al de los primeros). Hablando de este tema y de algunos datos curiosos, como que los billetes de 500€ sean los que existen en mayor número en la Unión Europea, a pesar de que la mayoría de nosotros ha visto muy pocos desde el comienzo de la moneda única, planteé una pregunta que surgió casi como una broma, pero que cada vez que la repaso en mi cabeza cobra más sentido: ¿Para qué necesitamos el dinero? ¿Por qué no eliminarlo?

Es necesario aclarar que no estoy hablando del concepto del dinero. En cualquier sociedad en la que exista la propiedad privada y la posibilidad de intercambiar bienes, el dinero se hace necesario, ya  que la alternativa del trueque es demasiado limitadora, y la producción propia para su propio consumo de todos los bienes necesarios y/o demandados por un individuo, de forma que no fuera necesario realizar ningún intercambio, sería algo extremadamente complicado e inusual incluso en casos aislados, e imposible al pensar en el conjunto de la ciudadanía. El dinero, por tanto, es necesario y útil. Nos permite realizar intercambios de bienes de forma diferida, mediante un bien, el dinero, que es aceptado por todos los agentes como forma de pago.

¿A qué me refiero entonces con que el dinero no es necesario? Pues me refiero al dinero físico; a los billetes y monedas.

Hasta hace poco, la existencia de dinero implicaba la existencia asimismo de monedas y billetes, pero hoy en día, la tecnología hace que estos medios de pago sean completamente innecesarios. ¿Quién no tiene hoy en día una cuenta en una entidad bancaria? ¿Quién no tiene –o puede acceder fácilmente- a una simple tarjeta de débito o de crédito? En todos los países del llamado primer mundo, y salvo algunos casos puntuales en puntos geográficos aislados, la disponibilidad de estos medios de pago está lo suficientemente extendida. Con  las inversiones precisas para dotar a estos puntos de las infraestructuras necesarias, cualquier país avanzado podría trabajar únicamente con dinero electrónico.

Tal como yo lo veo, para implantar este cambio se debería establecer la obligación de todo ciudadano mayor de edad (y la posibilidad para los menores) de tener una cuenta abierta en una entidad bancaria, y por la otra parte, la obligación de la entidad de proporcionar, al menos, una tarjeta de débito y otra tarjeta monedero, siendo opción del cliente pedir tarjeta de crédito (y sería decisión de la entidad concederla o no). Además, habría que establecer algún mecanismo portátil para el traspaso rápido de dinero entre tarjetas monedero (podrían ser varios. Se me ocurre que se pudiera usar el teléfono móvil o algún aparato ligero diseñado a tal efecto) Con este esquema en la cabeza, podemos analizar las posibles ventajas e inconvenientes.

Ventajas de prescindir del dinero físico

El dinero físico, no sólo no es necesario, tal como argumento en el punto anterior, sino que es perjudicial y el origen y/o facilitador de muchos de los males que nos aquejan. Veamos algunos ejemplos:

  •  Sin dinero físico, el fraude fiscal a pequeña escala es mucho más difícil. Si todos los pagos se realizan a través de tarjeta, quedando reflejados en los movimientos bancarios a los que tiene acceso Hacienda, sería muchísimo más complicado, cuando no imposible, hacer “pagos en negro”. Eso de “el dinero en efectivo que entra en caja, no lo declaro” se habría acabado para siempre.
  •  Es necesario decir que, desgraciadamente, el gran fraude seguramente tendría formas de seguir funcionando, pero los recursos liberados en la inspección fiscal por no tener que revisar de forma tan exhaustiva a los autónomos y trabajadores, permitiría “atar en corto” a las grandes empresas y entidades financieras cuyos recursos y mecanismos legales les permita defraudar a pesar de no haber dinero físico.
  • También sería mucho más complicado el fraude laboral, ya que no existiría la posibilidad de pagar a trabajadores sin contrato más que a través de transferencia bancaria, y dichos pagos deberían estar justificados. Asimismo, los inmigrantes se verían obligados a regularizar su situación para, entre otras cosas, poder acceder a una cuenta bancaria donde cobrar su sueldo.
  • Los robos con violencia, los atracos y los carteristas, serían prácticamente cosa del pasado. Si no hay dinero que robar, ¿para qué robarle a alguien la cartera? ¿Para qué atracar un estanco, o un  banco? Si el único uso de una tarjeta de crédito fuera hacer transferencias entre cuentas, cualquier robo, al ser denunciado llevaría a la policía directamente a la cuenta del perceptor de la “operación”. Incluso si el criminal decidiera matar a su víctima para poder disfrutar del botín sin ser denunciado, el rastro digital del uso de la tarjeta cuando se denunciara la desaparición de esta persona o se encontrase su cadáver, llevaría a la policía a atrapar al criminal, salvo en el caso de los más hábiles.
  • El tráfico de drogas y el crimen organizado, serían también mucho más complicados al tener la organización y sus miembros que justificar los ingresos y gastos, aunque para no pecar de ingenuo, deberé admitir que lo más probable es que sobrevivieran de alguna u otra forma.
  • La fabricación de billetes y monedas tiene un coste económico. Requiere de recursos, tanto por la extracción y transformación de los minerales en monedas, o  la tala de árboles y transformación en papel, como por el empleo de energía en todos estos procesos. La existencia de dinero físico implica la existencia de un “stock” inmenso de monedas. Su desaparición y el uso exclusivamente de dinero electrónico, implica únicamente la existencia de un reducido número de tarjetas en manos de cada individuo.


Inconvenientes y dificultades de prescindir de monedas y billetes.

Resulta sorprendente las caras de incredulidad cuando he planteado esta idea entre mis conocidos, la expresión de “¿Pero se te ha ido la olla?”. Sin embargo, las “pegas” planteadas por todos ellos son casi siempre las mismas, y en mi opinión casi todas resolubles, y con efectos perniciosos mucho menores a las ventajas que describía anteriormente. Conviene en este punto hacer una distinción entre los problemas “técnicos” y los problemas derivados de la costumbre heredada durante siglos de utilizar monedas. Entre los primeros encontramos los siguientes:
  •  “Hay lugares en los que no tienen ni teléfono y no pueden tener datáfono”. Esto, como he dicho al principio de este post, se arregla con una inevitable inversión inicial en infraestructuras. Nada es gratis, pero merecería la pena. Además, las tarjetas se usaban ya antes de existir los datáfonos, y en algunos casos podrían usarse de nuevo la tarjeta de crédito con hojas autocalcables.
  • “Hay comercios en los que no se puede pagar con tarjeta”. Efectivamente, hoy en día hay comercios que sólo aceptan efectivo (cosa que a mí, personalmente, me resulta bastante molesto) La solución es tan sencilla, que aparecería pos sí sola: si el empresario sólo va a poder cobrar con tarjeta, se hará con un datafono por su propio interés. Por otra parte, se puede aquí aplicar lo mismo que en el punto anterior respecto al uso de tarjetas de crédito cuando no existían datáfonos.
  •  “Los bancos se aprovecharían con las comisiones por uso de tarjeta en los comercios”. Eso se puede limitar mediante legislación.
  •  También relacionada con la anterior, está la de “Es que los bancos, si tienen que emitir más tarjetas, poner más cajeros automáticos y encima no les dejas cobrar comisiones por las tarjetas en los comercios, perderían dinero”. Lo primero es que dudo que los bancos pierdan dinero en ningún caso (salvo por su mala cabeza, como es el caso de la crisis actual, y ni con esas). Por otra parte, no es que me den mucha pena y de todas formas, el dejar de cobrar comisiones por el uso de tarjetas (o el reducirlas considerablemente) se compensaría por la disponibilidad en el sistema bancario de todo el dinero que ahora está fuera del mismo.La red de cajeros no tendría porqué incrementarse mucho, sino transformarse (ya no tendrían que dar dinero) También en los primeros años, se les podría dar alguna ventaja fiscal o similar, pero vamos, que después de la ingente cantidad de dinero que los ciudadanos les estamos regalando con los rescates bancarios, no deberían atreverse a abrir la boca.

 Sin embargo, el mayor problema a nivel técnico para un país como España es, sin duda, que es muy difícil implementarlo de forma aislada. Debería ser, al menos, el conjunto de la zona euro el que tomara esta decisión, lo cual es muy complicado.

Por otra parte, entre inconvenientes de costumbre, tenemos estos ejemplos:

  •  “Hay colectivos que no saben utilizar una tarjeta de crédito, principalmente ancianos”. Efectivamente la “reeducación” de la gente de avanzada edad es un tema complicado. Sin embargo, con un adecuado apoyo, y con una introducción paulatina de las medidas, la adaptación es posible para casi cualquier persona. Los casos más extremos corresponderían en muchos casos a personas que tampoco se apañar con el dinero, más aún después del cambio de las pesetas por los euros, con lo cual la situación no sería muy distinta para ellos.
  • “No se podría, por ejemplo, dar propina directamente a un camarero. Se lo quedaría el dueño del bar”. Se puede establecer legalmente para los establecimientos hosteleros la obligatoriedad de incluir un concepto de pago en las facturas que corresponda a la propina para el camarero, de forma que ésta les sea dada al trabajador en cuestión junto con el resto de su salario.
  • “Yo en algunos sitios no doy mi tarjeta ni loco” Aparte de recomendar que no se compre en establecimientos o a comerciantes que no inspiran confianza, la solución pasaría por utilizar tarjetas monedero, en donde se precargue una cantidad pequeña de efectivo. De esta forma, la sensación de riesgo sería menor. Por otra parte, y tal como se indicaba en como ventaja, sería mucho más  sencillo denunciar e identificar a un vendedor fraudulento que si pagamos en monedas y billetes.
  • “¿Y cómo le das dinero a tu hijo pequeño?” Pues lo más normal es que le dieras dinero en una tarjeta monedero a su nombre. No veo gran diferencia para un niño entre llevar un billete de 5€, o llevar una tarjeta cargada con 5€.
  •  “No podría dar limosna a un pobre que me encuentre por la calle”. Efectivamente, no se les podría dar “unas monedas”. Si cumple con la ley, y tiene su cuenta abierta en una entidad bancaria, se le podría hacer una transferencia a su tarjeta-monedero. Si no es así, serían los servicios públicos asistenciales los que deberían atenderle. Aunque sea con buenas intenciones, la caridad a título personal es una excusa perfecta para que el Estado desatienda sus obligaciones. Con este sistema, el Estado ya no podría desentenderse de estos ciudadanos fuera del sistema.
  • “Toda nuestra actividad económica estaría totalmente controlada por el Estado, como un Gran Hermano. No tendríamos privacidad”. Contra este problema reconozco no tener una solución. Sin embargo, creo que ya vamos en esa dirección mediante otras medidas que no tienen las ventajas de eliminar el dinero físico.


Como decía antes, no creo que esta idea sea una locura. Creo sinceramente que funcionaría y nos conduciría a un mundo un poco mejor que el actual. Sin embargo, estoy convencido de que yo no veré un mundo así (igual mis nietos) El porqué, hay que buscarlo en un último problema, que no he mencionado anteriormente, y que es el que, desgraciada y definitivamente, echa abajo toda la idea: Los que más provecho sacan de la existencia del dinero físico son los poderosos, los defraudadores, las mafias… Son los que tienen los billetes de 500€ y los políticos corruptos que los reciben, y si de ellos depende cambiar el sistema, podemos esperar sentados.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Vivienda: ideología y tragedia


En estos días, el drama de los desahucios y sobre todo la trágica muerte de varios ciudadanos que se han visto empujados al suicidio ante la perspectiva de ser desahuciados de sus casas, ha colocado el tema de la vivienda en los primeros puestos de la agenda política de los partidos, y en las portadas de los principales medios de comunicación. Evidentemente, el tema no es nuevo, los desahucios por impago de la hipoteca han existido siempre y siempre han sido dramáticos, pero en el contexto de esta crisis, el impago es el efecto de una situación sobrevenida que ha mermado los ingresos de miles de familias y que, en la mayoría de los casos, poco o nada ha tenido que ver con un comportamiento irresponsable de los compradores.

El caso es que ante las últimas muertes –siendo un tanto malpensado, diría incluso que sólo tras el suicidio de una “colega” del gremio, ex edil del PSOE–, el Gobierno y el principal partido de la oposición, que gobernó durante las dos anteriores legislaturas, se han llevado las manos a la cabeza y han declarado prioritario frenar los desahucios para los casos más dramáticos.

Como era de esperar, tras mucho autobombo por parte de ambos partidos sobre su “sensibilidad”, el acuerdo no ha llegado a producirse, y las urgentes medidas adoptadas por el Gobierno en solitario no han arreglado casi nada para casi nadie. Las condiciones necesarias para optar a la moratoria de dos años son tan restrictivas, que ninguno de tres últimos suicidios que motivaron la alarma social que movió al Gobierno a redactar el decreto se habría evitado, pues ninguna de las víctimas cumpliría con los requisitos. Para colmo, no se trata de una moratoria para poder posponer el pago de la hipoteca, o reducir las cuotas, con el fin de que la familia pueda conservar su casa y no sea desahuciada, sino que el banco pasa a ser automáticamente el dueño de la casa, pudiendo venderla a un tercero, y lo único que se retrasa dos años –durante los que seguirá pagando hipoteca y generando intereses, incluidos intereses de demora–  es el desalojo de la familia.

Más allá de medidas coyunturales como este desastre de ley, que no puede sorprender ya a nadie que haya estado viviendo en este país en el último año, creo que es interesante ver la ideología –llamese capitalismo, liberalismo, egoismo, individualismo o ley del más fuerte– que hay detrás de la política de vivienda en los países capitalistas en general y en España de forma más concreta. Como veremos, las sociedades democráticas capitalistas son profundamente hipócritas y se justifican a si mismas a base de falacias y mentiras. De las sociedades capitalistas no democráticas, como puedan ser Arabia Saudí, o cualquier otro país amigo de oriente medio (es decir, cualquier país de oriente medio con petróleo) es mejor no hablar.

¿Tenemos derecho a una vivienda?



Para empezar, prácticamente todas las democracias occidentales han suscrito la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que en su artículo 25 establece que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud, el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la viviendala asistencia médica...”. El concepto de “vivienda digna y adecuada” fue definido claramente por el Comité de Derechos Urbanos de Naciones Unidas en su Observación General nº 4, para dejar claro que el derecho a una vivienda no se limita a un techo sobre la cabeza, sino que debe considerarse como el derecho a vivir en seguridad, paz y dignidad. 

Muchos de estos países, además, han reflejado estos principios a su propio ordenamiento jurídico. Sin ir más lejos, España lo tiene como uno de los derechos esenciales recogidos en la Constitución. Concretamente, el Artículo 47 de la Constitución Española dice:


“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos”.

Hasta aquí nada que objetar… si algo de esto se cumpliera, claro. Analicemos detenidamente el artículo, y contrastémoslo con la realidad:

  • La interpretación que algunos de nuestros gobernantes hacen de la frase “todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”, ya hayan sido gobiernos de la UCD, del PSOE o del PP, es que esto viene a ser una declaración de intenciones que no se debe tomar al pie de la letra. Una “meta deseable”, pero en ningún caso exigible. Podría pasar por cierto, si no fuera porque a renglón seguido leemos que los poderes públicos han de tomar medidas para "hacer efectivo este derecho", es decir, que la propia constitución dice que esto no debería quedarse en una mera declaración de intenciones, sino que hay que hacerlo realidad a través de las políticas y acciones de los poderes públicos. Otros argumentan que este derecho, en realidad, lo que implica es que nadie en España puede impedirle a un español que adquiera una vivienda digna, siempre que éste se ponga de acuerdo con el vendedor en el precio y tenga dinero para pagarla. El absurdo de esta interpretación es mayúsculo, porque el derecho a comprar y poseer cosas ya viene consagrado como derecho a la propiedad privada, lo que haría este artículo completamente innecesario y superfluo  En este sentido, no tendría un significado cualitativamente distinto a decir que todos los españoles tienen derecho a "disfrutar" de una vivienda indigna. Tampoco sería distinto a asegurar que todos los españoles tienen derecho a disfrutar de un yate, o ya puestos, que todos los españoles tienen derecho a comprarse unas orejeras de felpa (siempre, claro está, que tengan dinero para pagarlas)
  • La segunda parte del artículo, es como para tatuárselo en la frente a nuestros gobernantes a la manera de la película de Tarantino "Malditos bastardos". Se supone que nuestros poderes públicos, deberían "regular la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación", es decir, ¡Todo lo contrario a lo que los gobiernos de uno y otro signo llevan haciendo décadas! No soy jurista, pero si un gobernante, un funcionario público, toma medidas a sabiendas de que van contra la ley, eso se llama prevaricación, y tanto  los gobiernos de Aznar que aprobaron la liberalización del suelo dando pie a una descomunal burbuja inmobiliaria especulativa, como los siguientes gobiernos del PSOE que no solo no frenaron esta burbuja, sino que siguieron inflándola, deberían pasar por los tribunales. Los que además negaron en su momento –mientras el acceso a la vivienda se hacía más y más caro y obligaba a los que querían adquirirla a suscribir hipotecas de por vida–, que existiera dicha burbuja y que ahora se hacen los sorprendidos, merecerían además de la cárcel la inhabilitación de por vida para cualquier cargo público. Curiosamente, algunos de ellos están hoy en día de nuevo en el gobierno, o son cabezas visibles del principal partido de la oposición.
  • La última parte del artículo 47, reconozco que es menos concreta. Decir que “la comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos”, deja abierta a la interpretación a qué comunidad se refiere. Por los hechos que conocemos –y aún más por los que no conocemos- y el clima de corrupción generalizada, parece claro que nuestros políticos han entendido siempre que esta comunidad es la de sus amiguetes y familiares.

Algunos dicen también que simplemente es imposible, que no se puede pagar, o que la libertad implica también la libertad de fracasar y que cada uno ha de asumir la responsabilidad última de acabar viviendo debajo de un puente. También que si el Estado proporcionase a todo el mundo una vivienda digna, la gente no se esforzaría en trabajar, prosperar y poder adquirir una vivienda. Pero lo cierto es que todas estas objeciones, componendas y claros incumplimientos de un derecho básico de rango constitucional, incluido además como parte de los derechos humanos fundamentales, no se deben a otra cosa que a la ideología depredadora y de rapiña capitalista. La sociedad capitalista no es capaz de considerar siquiera que la vivienda, al igual que pasa con el trabajo, sea realmente un derecho, y por tanto lo trata como cualquier otra mercancía, sujeta a las leyes del mercado. Guste o no, y con todos sus defectos, la única forma de organización social que ha asegurado la vivienda y el pleno empleo –y que por tanto ha demostrado que no es imposible- es el socialismo.

Compra de vivienda frente a alquiler


Otro gran tema recurrente es el de que el problema de la vivienda en España es consecuencia de la manía de tener una vivienda en propiedad, frente a otros países europeos o frente a la realidad de los EEUU, donde la gente vive mayoritariamente de alquiler. Curiosa crítica de quienes nunca han establecido un parque realmente accesible de viviendas de alquiler a precios bajos, y que han incentivado de forma irresponsable la compra con desgravaciones fiscales y el acceso barato al crédito.

No tengo nada en contra de que, quien así lo desee, alquile su vivienda en lugar de comprarla, e incluso coyunturalmente, me parece necesario incrementar el parque de viviendas de alquiler, pero es necesario abrir los ojos al poso ideológico de esta afirmación, al modelo social que propugna: una sociedad con un pequeño número de propietarios rentistas que vivan de los alquileres, y una gran masa de trabajadores sin nada de su propiedad, más allá del derecho de vivir en una casa de propiedad ajena mientras sea capaz de ir pagándolo. Un ejército de trabajadores sin arraigo a un territorio, que puedan ser movilizados y trasladados a conveniencia de las empresas en las que trabajan. Ese es el modelo que nos venden como alternativa a la posesión de una casa propia y un hogar familiar estable.

Por otro lado, resulta curioso como la costumbre de comprar en lugar de alquilar ha sido utilizada de forma ladina para establecer como hechos realidades inventadas. Una de ellas, sobre la que se apoyan para decir que los trabajadores hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, es que nuestros sueldos han crecido a mayor ritmo que nuestra productividad y a mayor ritmo que los sueldos alemanes.

Para ello se utilizan datos de la evolución de los salarios, descartando el efecto de la inflación. Lo curioso del tema es que para calcular la inflación se utiliza el IPC, el Índice de Precios al Consumo, que trata de medir como evolucionan los precios de una cesta de consumo representativa entre dos periodos de tiempo. De esta forma, si al aumento nominal de los sueldos les descontamos el aumento de los precios, podemos ver si en términos reales los sueldos han subido o no respecto al coste de la vida. Parece una metodología bastante sólida, pero no lo es tanto.

Más allá de la problemática de la medición y comparación entre países de la productividad a través de los costes salariales unitarios, como suele hacerse (sin tener prácticamente en cuenta factores básicos, como si los medios técnicos y organizativos proporcionados por el empresario a sus trabajadores son equiparables a los de otras economías), está en la propia metodología para comparar la evolución de los salarios reales. El problema en relación a la vivienda, es que mientras que el pago por alquiler está considerado un consumo y entra en el cálculo del IPC con un peso más o menos proporcional, el pago de los plazos de una hipoteca se considera una inversión, y por tanto no se contempla en absoluto dentro del cálculo de dicho indicador. De esta forma, el cálculo de los salarios reales en países como Alemania, con mucha más población viviendo de alquiler, es mucho más sensible a los cambios en los precios de la vivienda, mientras que en España, donde la mayoría de las familias han optado por la compra de vivienda, los salarios reales parecen mucho más altos de lo que realmente son. Los precios de las viviendas se han multiplicado e inflado en una burbuja imposible, y hubo algunos años con el Euribor por las nubes, pero sólo el escaso mercado de vivienda de alquiler se traduce, con un escaso peso, en parte integrante del IPC, haciendo que parezca que nuestros sueldos han subido más en España que en  Alemania. No entraré aquí además a valorar en profundidad que, de media, los sueldos alemanes son ya de por sí bastante más elevados que los españoles, por lo que el que suban más los primeros que los segundos no debería ser un problema, como se argumenta a veces, sino un objetivo deseable.

Volviendo a la vivienda, si de hecho se incluyesen en el cálculo del IPC los cambios tanto en los precios de los pisos, como en las cuotas mensuales de las hipotecas, que una familia española pagaba de media por una hipoteca contratada en 2007, o incluso las que sigue pagando hoy en plena crisis del sector, respecto a lo que pagaba otra familia por una hipoteca de una casa similar en 1997, se vería que el coste de la vida ha ido aumentando enormemente para las familias que iban accediendo a la vivienda más tarde, y que los salarios reales no han crecido más que los alemanes, sino que se han reducido considerablemente respecto a estos y en valor absoluto.

De ahí que muchas personas decidieras meterse en una hipoteca aún a precios muy superiores al valor real de la vivienda, ya que en un sistema en el que los precios subían exponencialmente, (tanto para la compra como para el alquiler) y muy por encima de los salarios, esperar era arriesgarse a llegar a un punto de no retorno en el que ya no fueran capaces de adquirir una vivienda, y dado que las subidas de los precios de compra y alquiler eran parejos, comprar parecía la opción más sensata, y así lo vendían también las inmobiliarias y los propios bancos mientras hacían negocio inflando el mercado

¿Y si la vivienda digna fuera un derecho?


Visto todo lo anterior, sólo nos queda preguntarnos ¿No sería mejor si realmente convirtiéramos la vivienda en un derecho? ¿Puede hacerse? Y por supuesto ¿Cómo?

Mis propuestas, evidentemente, no van a pasar una mayor liberalización del suelo, e incentivos fiscales a la compra de viviendas cada vez más caras. Eso ya se ha demostrado del todo ineficaz. Mis propuestas van directas a la cuestión de base: un derecho se tiene o no se tiene, pero no se compra. Propongo una transición progresiva a una sociedad en la que la vivienda deje de ser un negocio para bancos e inmobiliarias y pase a ser un derecho de los ciudadanos. Nadie, en una sociedad digna, debería verse en la tesitura de no tener una vivienda igualmente digna, y  por tanto propongo:
  1. Establecimiento de una moratoria de dos años en el pago de la hipoteca de la vivienda habitual única, para todas aquellas unidades familiares que demuestren un nivel de ingresos insuficiente para pagar su hipoteca y atender los gastos imprescindibles de comida. Dicha moratoria, no privará a los propietarios de conservar su derecho de propiedad sobre la vivienda.
  2. Transcurridos esos dos años, el banco renegociará con los propietarios el pago del principal e intereses no pagados durante esos dos años. Si aún así el propietario no pudiera atender el pago de la vivienda. La familia en cuestión podrá cancelar la deuda hipotecaria mediante dación en pago, estableciéndose un periodo de 6 meses entre la notificación y el desahucio efectivo
  3. Tras esa primera fase, implantación paulatina de la posibilidad de dación en pago con carácter retroactivo, para el resto de primeras viviendas. Posteriormente implantación progresiva para todas las viviendas.
  4. A toda persona desahuciada que demuestre no tener recursos suficientes para alquilar con su renta familiar una vivienda adecuada a sus necesidades familiares, atendiendo además a los gastos mínimos para vivir dignamente, el Estado le proporcionará una vivienda en régimen de alquiler social, estableciéndose una cuota adecuada a los ingresos y patrimonio de la unidad familiar. Dicha cuota se revisará anualmente, o a petición de los inquilinos ante cambios de la situación económica familiar.
  5. Para poder hacer esto, el Estado se hará con un parque de viviendas, mediante la expropiación forzosa a precios acordes a la situación del mercado actual, de los pisos de las entidades bancarias intervenidas y en la cantidad que sea necesaria. El pago de dichas expropiaciones a las entidades bancarias se realizará mediante títulos de deuda pública. La gestión de ese parque inmobiliario lo llevará el propio Estado, para lo que contratará personal actualmente en paro proveniente de las inmobiliarias afectadas por la crisis, o de otras inmobiliarias que pudieran quebrar o realizar un ERE eventualmente.
  6. Obligación a las entidades intervenidas de poner en el mercado las viviendas que aún tuvieran en su poder tras las expropiaciones.
  7. Asimismo, y si no hubiera suficientes viviendas para satisfacer las necesidades de la población, el Estado asumirá la construcción de nueva vivienda pública protegida. Los puestos de trabajo necesarios para ello, serán preferentemente asignados a personas pertenecientes a las familias desahuciadas a las que se les ha proporcionado vivienda de alquiler social, y a personas en paro, de forma que se reactive la economía, revertiendo además parte de ese dinero al Estado como pago del alquiler.
  8. Asimismo, el Estado reservará una parte de las viviendas construidas o expropiadas para su venta como vivienda protegida a precios económicos.
  9. Establecimiento de altos impuestos a la propiedad de viviendas de particulares, a partir de la 2ª y crecientes según el número de éstas, que no sean alquiladas a terceras personas. En el caso de los bancos e inmobiliarias, se gravará fuertemente toda vivienda no alquilada o que no sea vendida en un plazo máximo de un año tras ponerse en el mercado.

Todas estas medidas harán que:

  1. Los bancos, al establecerse la dación en pago, no prestarán dinero de forma irresponsable, de forma que, inicialmente, la demanda de pisos se frenará.
  2. Las inmobiliarias (y los bancos) se verán obligadas a vender lo más rápidamente posible para intentar minimizar las pérdidas e impuestos. Es probable que muchas no consigan sobrevivir, pero como veíamos en la propuesta 5, el daño se minimizaría, ya que los trabajadores de estas empresas serían reabsorbidos por el propio Estado en su función de promotor de vivienda pública.
  3. El precio de la vivienda en un mercado inundado de inmuebles debido a las medidas adoptadas, y sin las barreras que los están manteniendo artificialmente altos, caerá en picado, haciendo accesible la vivienda a millones de ciudadanos.
  4. Los bancos podrán, de esta forma, conceder de nuevo créditos para la adquisición de estas viviendas baratas, pues tendrán la seguridad de que las familias sí podrán pagarlas.
Me dirán que estoy loco, y que con esto hundiría el mercado inmobiliario, y a excepción de en lo relacionado con mi salud mental tendrían toda la razón. Es más, para convertir la vivienda en un verdadero derecho, considero imprescindible derruir hasta sus cimientos el mercado inmobiliario privado destinado a la primera vivienda. Un mercado que mantiene millones de casas vacías y millones de personas sin casa. Un mercado que jamás debió existir.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Los partidos y la economía. Nadie es lo que parece

Después de cada proceso electoral nos hemos acostumbrado a escuchar una letanía de excusas y lamentaciones sobre lo fraccionada que está la izquierda frente a la derecha, que se presenta unida en una única oferta monolítica encarnada en el Partido Popular. Esta afirmación, aunque no llegue a ser del todo falsa, esconde una realidad mucho más engañosa: la de la identidad política de cada partido. Esta identidad se separa en nue?stro país en dos muy distintas. Por un lado, la identidad pública, la que nos intentan vender con sus eslóganes y mítines. Por el otro, la identidad real, la que se demuestra en sus actos y que se conforma a su vez en la conjunción de varios aspectos, siendo los principales, en mi opinión, el componente social y el económico.


¿Quién vota, y por qué, a los partidos de derechas?

Los partidos clásicos de derechas en España dicen tener, en general, una raíz democristiana (aunque a veces es más próxima al nacional-catolicismo) y un ideario económico liberal –o neoliberal-, pero en los círculos económicos de la derecha más neoliberal, se les acusa de apartarse de esta vía natural y caer en ciertas actitudes “socialistas”. En este sentido, para un verdadero neoliberal, el intervencionismo mostrado con la nacionalización de Bankia, las subidas de impuestos, lo que consideran una reforma laboral “a medias”, o la insuficiente liberalización de los mercados y privatizaciones públicas, son graves faltas contra este ideario. Todo ello respondería, según ellos, a una cierta resistencia a adoptar estas medidas sin complejos, debido al miedo de estos partidos de derechas al rechazo social que esas políticas podrían acarrear. No obstante, podría decirse claramente que todos los que votan al PP, a CIU o al PNV, saben perfectamente cuáles son, en mayor o menor medida y en ausencia de situaciones excepcionales, los principios económicos que van a seguir sus dirigentes: privatizaciones, liberalizaciones y cuanto menos Estado, mejor. Desde el punto de vista de la propaganda, además, se ha mitificado la mejor preparación económica de los partidos de derechas frente a los de izquierdas, lo cual ha sido bastante fácil, teniendo en cuenta que el modelo económico imperante, el neoliberal, es el defendido abiertamente por la derecha.

Desde el punto de vista del modelo social, el ideario democristiano (o en ocasiones y como decíamos antes, nacional-católico) defendido por los partidos políticos de derechas se apoya en la defensa de las tradiciones, y especialmente en España, en una influencia enorme de la iglesia católica en sus postulados, lo que resulta en una posición claramente inmovilista, cuando no regresiva y reaccionaria. Desde la propaganda, además, se ha revestido de una imagen de firmeza y dureza frente a la delincuencia, y particularmente frente al terrorismo de ETA. Este ideario atrae claramente a la población socialmente conservadora. Demográficamente, a los ancianos –que cada vez son más en proporción-, así cómo a católicos y ultra católicos; y también a anti izquierdistas, a los que todo lo que suene a socialismo o comunismo les repele o les asusta.

Entonces, ¿Porqué hay trabajadores de toda índole, desde obreros a funcionarios, que votan a partidos de la derecha? ¿Son todos ultra católicos?, ¿Anti izquierdistas?, ¿Neoliberales?... Ni mucho menos.

Por un lado, tenemos el hecho de que muchos de los votantes se fían de la propaganda de mayor eficacia en la gestión económica, habiéndose beneficiado además, en el caso del PP, de haber gobernado en periodos de expansión económica a nivel europeo o mundial. Muchos de los votantes de éste partido no saben (o no quieren saber) que la actual crisis no se originó en los gobiernos de Zapatero (cuyo pecado es más bien no haber tomado medidas para evitarla), sino que tiene su origen en la entrada al mercado común europeo durante el mandato de Felipe González, y sobre todo de las medidas adoptadas por el gobierno de Aznar para asegurar la entrada de España en el Euro, siendo estas políticas –principalmente la ley del suelo del PP- causantes en gran medida de la burbuja inmobiliaria que nos ha explotado en plena cara. Por otro lado, la naturaleza internacional de la crisis –que negaban en gran medida cuando estaban en la oposición-, les sirve ahora de excusa para externalizar sus responsabilidades. Los recortes y el sufrimiento no nos llegan por su mano, sino porque son medidas “que no les gustan” pero que tienen que adoptar porque “no hay alternativa”. Evidentemente, esto es falso, pero el votante medio de derechas quiere creer y cree lo que le dicen sus líderes.

Por otro lado, existe un efecto psicológico perverso que hace que mucha gente humilde se vea a si misma poco preparada para gestionar sus propias vidas y mucho menos un país. Esta gente, pide y necesita un líder, un guía e incluso en los casos más extremos un amo, que piense y decida por el. Alguien capaz, alguien de la “élite”, y es más fácil identificar la élite con los partidos de derechas, ya que son los herederos de los antiguos estamentos: la nobleza y los terratenientes. Esta gente, a la hora de depositar su confianza, recela de aquellos que dicen ser un obrero como él, ya que si ellos se ven incapaces de gestionar sus vidas, ¿Cómo va a hacerlo mejor quien dice ser su igual? Es la moral del esclavo.

En definitiva, la imagen de ortodoxia económica, la resistencia a los cambios sociales y una posición dura respecto a los asuntos de orden público y delincuencia, atraen a la gente que tiene miedo al cambio. La incertidumbre, el miedo a perder lo que uno tiene, el miedo a que lo que venga sea peor, a que se derrumbe el sistema conocido -aunque sepamos que es deficiente- sin saber qué vendrá después, el miedo a “los experimentos”, el refugio en “los que saben mandar desde siempre”, es y ha sido siempre el caldo de cultivo de la derecha, y la razón por la que trabajadores humildes terminan votando por una opción que, a priori, parece contraria a sus intereses.

Por su parte, los partidos nacionalistas de derechas, comparten muchas de las características que hemos comentado anteriormente, y añaden como peculiaridad propia, el tener siempre la excusa de que la culpa de todo lo malo que pasa bajo su gestión, es del gobierno central. De esta forma, e independientemente de que se puedan producir injusticias derivadas del diseño económico y territorial del Estado, externalizan las responsabilidades de sus errores y las consecuencias de sus propias políticas. 

¿Quiénes pueden disputarles el voto a los partidos de derechas? Pues claramente, pueden quitárselos entre ellos mismos atendiendo a razones territoriales, y en el caladero de los partidos nacionalistas de derechas pueden colarse también los nacionalistas de izquierdas, recogiendo parte del voto que se mueve por consignas identitarias nacionalistas.

Por otra parte, también se produce cierto grado de trasvase de votos de éstos partidos con el otro gran partido nacional, el PSOE, como voto de castigo, pero eso nunca pasará con los votantes más conservadores que jamás votarían a algo que suene mínimamente a izquierda (Y eso de socialista y obrero, les suena bastante mal), y por tanto, como mucho se abstendrán, o seguirán votando al mismo partido de siempre como mal menor.

Aquí es donde entra la recurrente afirmación de que la derecha está unida, ya que sólo existe un gran partido nacional, el Partido Popular. En esta afirmación se desprecian –de forma correcta en mi opinión- formaciones de extrema derecha, próximas o inmersas en el fascismo, que recogen un voto muy residual. Algunos pueden argumentar que ahora existe la alternativa de UPyD, con apoyo creciente, y al que mucha gente mete dentro del saco de los partidos de derechas, pero otra mucha gente no tiene nada claro aún por dónde “respira” este partido, y queráis que no, Rosa Díez fue no hace tanto una “roja sociata”, lo cual para muchos votantes de derechas, implica que no es de fiar.

Todo lo expuesto anteriormente, nos lleva a la siguiente cuestión central de este análisis:

¿Qué es el PSOE y por qué votarle?

Por muy fans que seamos del partido, nadie puede a estas alturas decir que el PSOE representa a la clase obrera, ni mucho menos que sea socialista en un sentido clásico y pretenda implantar la “dictadura del proletariado”, ni tan siquiera que pretenda alcanzar el socialismo mediante transformaciones y reformas democráticas del sistema capitalista, como pretendían los primeros socialdemócratas. El PSOE, actualmente, podría definirse, si acaso, como “socioliberal”, que viene a ser algo así como “liberal acomplejado”, o “liberal con conciencia social” Y tiene en lo económico, los mismos referentes que el PP. Paradigmático es el caso de José Bono, cuyas coincidencias con el ideario del Partido Popular van incluso más allá de lo económico, hasta el punto de que a nadie le sorprendería verle mañana en las filas populares, siguiendo la estela de otros “socialistas” históricos, como Cristina Alberdi.

Volviendo a la economía, dudo que ningún asesor o cargo socialista haya estudiado nada distinto a la microeconomía y macroeconomía de la síntesis neoclásica keynesiana que ha sido “mainstream” estas últimas décadas. Me sorprendería sobremanera que alguno tuviera entre sus referencias teóricas y economistas de cabecera, no ya a Marx, sino a Piero Sraffa, Paul Davidson, Michal Kaleki o Manfred Max-Neef, por poner algunos ejemplos de economistas heterodoxos. El PSOE sigue un modelo económico completamente ortodoxo.

Desde mi punto de vista, el problema del PSOE es que, desde su propia propaganda, sigue tratando de hacerse ver como un partido de izquierdas, y aunque efectivamente intenta hacer -a veces- una política social de centro-izquierda, sigue claramente una política económica de derechas. Su cercanía al PP en ese sentido es bastante grande, y es lo que hace que exista una cierta capacidad de trasvase de votos entre uno y otro, normalmente como voto de castigo ante una mala gestión, aunque el trasvase es potencialmente mayor desde el PSOE al PP que desde el PP al PSOE, ya que un votante de derechas, siempre preferirá dirigir su voto a su opción natural. Y este es quid de la cuestión, que el votante natural del PSOE, su suelo electoral, está definido y dirigido por su identidad pública, por su imagen proyectada, y no por su identidad real, y ambas identidades difieren enormemente.

Por eso, además del voto de castigo ante escándalos, casos de corrupción, o por simple desgaste y falta de confianza en los líderes del partido, que termina traspasándose al PP, en el PSOE se produce un trasvase adicional de votos hacia partidos a su izquierda, y hacia la abstención, que se produce no sólo por castigo, sino por desencanto, cuando se hace demasiado patente la naturaleza neoliberal de sus políticas económicas hasta el punto de no verse compensado por medidas sociales, o cuando estas últimas se ven recortadas o impedidas por el efecto de las decisiones económicas, como ha sido el caso durante su último gobierno en los comienzos de la actual crisis. Cuando esto sucede, muchos votantes de los que piensan que votando PSOE votaban a la izquierda, quedan defraudados y dejan de votar, o votan a otras opciones minoritarias a la izquierda del Partido Socialista.

Y es ahí donde entra Izquierda Unida y en menor medida EQUO y otras formaciones más pequeñas, todas ellas a la izquierda del PSOE. También están las formaciones de la izquierda nacionalista, pero el análisis de éstas últimas es análogo a las fuerzas nacionalistas de derechas, siendo su principal característica diferenciadora frente a los partidos de ámbito estatal que utilizan el recurso del sentimiento de explotación por parte de España como reclamo para los votantes, y como excusa ente los errores de su gestión. (Y con esto no digo que exista ni que no exista dicha explotación, sino que simplemente describo su utilización estratégica) En cualquier caso, centraremos el análisis en los partidos de izquierda no nacionalistas.

¿Por qué no hay más gente que vote a los partidos a la izquierda del PSOE?

A mi modo de ver, hay dos problemas principales que afectan intensamente a estas formaciones, más allá de otros obstáculos secundarios aunque también importantes, como el ninguneo de los medios de comunicación, escasez de líderes carismáticos, etc.

El primero de ellos, es que la dinámica bipartidista del sistema, tal como se ha denunciado repetidas veces. Ésta dinámica propicia la concentración de votos en los dos grandes partidos debido al denominado “voto útil” o “voto en contra”; es decir, que mucha gente vota al PP para que no gobierne el PSOE, y al PSOE para que no gobierne el PP, aunque no sean sus opciones personales preferidas, sino porque el sistema hace que sea más factible evitar que gobierne la opción menos deseada votando al rival más grande de éste. Se argumenta contra la idea de la injusticia del sistema electoral, que tanto la ley d’Hont como el sistema de circunscripciones por provincias son iguales para todos, y que en realidad no es el sistema, sino la incapacidad de los partidos minoritarios para atraer votos, lo que impide que dichas formaciones sean una auténtica alternativa de gobierno. Este argumento es falaz, porque si bien es cierto (y de Perogrullo), que si uno de estos partidos consiguiera que le votara un muy superior número de españoles, se vería en la posición en la que actualmente están los dos partidos hoy mayoritarios, la realidad es que tras los primeros dos o tres procesos elecciones se define una primera relación de fuerzas, y a partir de ahí el efecto de voto útil que describíamos anteriormente es devastador y la tendencia natural es a la acumulación de apoyos en dos partidos que se turnan en gobierno y oposición, siendo una tarea titánica invertir dicha relación de fuerzas. La única forma de que esto suceda es porque alguna de las fuerzas hegemónicas se desplome por algún desastre, como sucedió con UCD en su día o con el PASOK en las últimas elecciones griegas.

El segundo gran problema de estas formaciones minoritarias de izquierdas no es que no tengan un modelo económico y social alternativo, sino que muchas veces parecen beber de demasiados, no ya en el seno de la izquierda, sino dentro de un mismo partido. Por un lado, se presentan una multitud de formaciones con programas ligeramente distintos, todos ellos reclamando para sí la verdadera esencia de la izquierda, al modo del famoso sketch de Monty Python en "La Vida de Brian", con el Frente Judaido de Liberación a tortas con el Frente de Liberación de Judea. Debido a esto, los electores no saben realmente a quién votar dentro de un espectro de partidos pequeños ante los que cualquier nueva formación es capaz de competir. Hay que tener en cuenta también, que los votantes de izquierda, en contraposición a los conservadores, no temen, sino que buscan el cambio ante una realidad que les es hostil y con la meta del progreso social, pero no todos tienen el tiempo, las ganas o los conocimientos necesarios para separar el grano de la paja, lo que lleva a muchos de ellos a lanzarse en los brazos del primero que llegue ofreciéndoles cambios y nuevas ideas, aunque dichos cambios sean en ocasiones ideas peregrinas que vayan a traer consigo el progreso, ni lleven a ningún sitio. Al final, el votante medio de algunos de estos partidos, más allá de ciertas líneas generales, no tienen muy claro qué es lo que está votando, ni si votando al partido de al lado estarían votando las mismas propuestas u otras distintas, y lo que es peor, dudan –y yo también en alguna ocasión- que los mismos dirigentes de estos partidos sepan definir la ideología de su propio partido y cual es el modelo que ofrecen. En ese sentido, resulta paradigmático el ejemplo de Izquierda Unida, cuyo nombre parece a veces un oxímoron.

Desde los medios, se habla de IU como de “izquierda radical”, “comunistas”, "anticapitalistas" y “marxistas”, y muchos de los miembros de esta formación, pertenecen al PCE, y/o se consideran a sí mismos con orgullo dentro de cualquiera de estas categorías –aunque otras formaciones políticas más radicales no consideran el PCE un verdadero partido comunista-, y la propaganda e imagen proyectada por IU -curiosamente tanto por sus adversarios como por ellos mismos- viene a ser cercana a estas coordenadas, pero comparten federación con otros partidos internos que no abrazan, ni de lejos, esos ideales. El resultado final, sí atendemos a una definición clásica, es que el comunismo y el socialismo económico y social en IU brillan por su ausencia. Entonces ¿Cuál es su política económica? ¿Son eurocomunistas, socialistas, marxistas, neomarxistas, postkeinesianos, ecologistas, institucionalistas, socialdemócratas…? Pues probablemente un popurrí de todo difícil de mezclar sin que se produzcan las contradicciones y tensiones internas que terminan siempre por trascender y perjudicar a este partido. Se produce, de nuevo, una disonancia entre la identidad pública de IU y su verdadera política económica y social.

¿Y cuál es esa política? Pues si atendemos a lo que se plasma en los programas de IU desde el punto de vista social, su defensa de los principios democráticos, su pretensión de reformar el sistema actual, y ese cocktail teórico-económico del que hablábamos antes, les convierten en mi opinión (y alguno me querrá colgar por decir esto) en el principal partido socialdemócrata de España –entendiendo como socialdemocracia la acepción clásica de la misma-, aunque ellos mismos renieguen de ello. Esto es paradójico, porque si asumieran este papel, y se presentaran así al electorado, es posible que atrajeran a muchos votantes de la izquierda moderada y del centro izquierda que votan al PSOE o se abstienen, a los que asusta la idea de que unos stalinistas totalitarios se hagan con el poder y empiecen a expropiar a todo el mundo sus propiedades y sus libertades, montando gulags en Despeñaperros (todos sabemos la probada eficacia de la propaganda burguesa en su propósito de desprestigiar el comunismo)

En este sentido, el verdadero problema para esta formación, es que no están convencidos de poder minimizar la pérdida de los votantes más a la izquierda que, en cierto modo, están “robando” a las formaciones de verdadera extrema izquierda comunista revolucionaria, o de compensar dicha pérdida con suficientes nuevos votantes atraídos por su programa socialdemócrata, ya que tienen un “okupa” llamado PSOE viviendo de prestado en la casa de la socialdemocracia.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

La Sociedad de la Desmemoria (II): Grecia y el Imperio de la Usura

En mi segundo post en este blog -sin tener en cuenta el mensaje de bienvenida-, comencé lo que tenía intención de convertir en una serie de entradas, dirigidas a mostrar como todas estas cosas que nos pasan hoy en día no son ninguna novedad. Como ya decía entonces, el soniquete de “hay que ser competitivos”, el  de “no podemos competir con china si no es bajando los salarios”, o el de “no hay alternativas”, no son cosas nuevas. Tampoco lo es la recientísima receta de la Troika para Grecia: trabajar 6 días a la semana bajando además el salario mínimo.

En 1770 apareció en Inglaterra  un escrito titulado Essay on Trade and Commerce. En él, su autor desgrana la ideología liberal de la época (hago un extracto al ser un texto algo largo):

"Sí se considera como una institución divina la de santificar el séptimo día de la semana, de ello se infiere que los seis días restantes se deben al trabajo,  no se puede tildar de cruel a quien imponga este precepto divino […] Que la humanidad tiende en general, por naturaleza, a la comodidad y a la inercia, es una fatal experiencia que podemos ver comprobada en la conducta de la plebe de nuestras manufacturas [...] Creo haber dicho lo bastante para demostrar que el trabajar moderadamente 6 días a la semana no es ninguna esclavitud, pero a nuestra chusma se le ha metido en la cabeza la idea fija de que, por el mero hecho de ser ingleses, gozan del privilegio de nacimiento de ser más libres y más independientes que los obreros de cualquier otro país de Europa. No negamos que esta idea encierra utilidad, en la parte en que influye en la bravura de nuestros soldados; pero cuanto menos incurran en ella los obreros de las manufacturas más saldrán ganando ellos mismos y el Estado. Los obreros no debieran considerarse nunca independientes de sus superiores. Es extraordinariamente peligroso dar alas a la muchedumbre en un estado comercial como el nuestro, en el que, de las 8 partes que forman la población total del país, hay tal vez 7 que no tienen la menor propiedad o que sólo poseen bienes insignificantes [...] El remedio no será completo hasta que los pobres de nuestras industrias se resignen a trabajar 6 días por la misma suma de dinero que hoy ganan trabajando  4". (1)

De este modo, el autor pretendía "extirparla holgazanería, el libertinaje y los sueños románticos de libertad", así como, "disminuir las tasas de beneficencia, fomentar el espíritu industrial y reducir el precio del trabajo en las manufacturas".

Si algún mérito podemos reconocerle al redactor del Essay on Trade and Commerce, es que hablaba bastante más claro y con mayor sinceridad de lo que se hace hoy en día. Sin embargo ¿Qué diferencia hay en el fondo entre los que propone el “Essay” en el siglo XVIII y lo que propone la Troika a los griegos en pleno siglo XXI? Nada. Es la misma ideología. La misma idea de que los obreros (en este caso los ciudadanos griegos) son unos vagos, y el mismo objetivo de  “reducir el precio del trabajo en las manufacturas", lo que hoy eufemísticamente llaman “mejorar la productividad”.

Lo peor de todo es que todas estas medidas no van a ayudar a la recuperación económica del país, sino a hundirlo más, con el único objeto de satisfacer las deudas contraídas (principalmente) por la banca y empresas privadas de los países periféricos, con la  banca alemana y francesa.

De esta forma, se pide medidas como la de reinstaurar la semana laboral de 6 días, o la de disminuir las prestaciones por desempleo, a sabiendas de que no funcionarán (La mal llamada “austeridad” no ha funcionado jamás en la historia económica para salir de una crisis en un contexto de recesión y falta de demanda doméstica), mientras que no se toman medidas que históricamente sí han funcionado (2), haciendo uso de una justificación que considero altamente cínica: el “riesgo moral”. 

Según este concepto, aunque sabemos que si se reformaran los estatutos del BCE para permitir que comprara directamente deuda de los Estados, y se permitiera tomar medidas económicas expansivas (incremento del gasto público en lugar de recortes), el problema se arrreglaría, no hay ninguna intención por parte de las autoridades europeas de seguir por esta senda, pues en ese caso, los “derrochadores” del sur, no sufrirían las consecuencias económicas de sus actos, lo que les llevaría a seguir comportándose de forma irresponsable. Se incurriría en un “riesgo moral”.

Sin embargo, las autoridades europeas no tienen en absoluto en cuenta el sufrimiento de miles de ciudadanos griegos, irlandeses, portugueses, italianos y españoles que están quedándose sin trabajo, sin recursos y en la miseria, mientras se les recortan además los servicios sociales del agonizante “Estado del Bienestar”. Este riesgo no parece importar en absoluto. Lo importante es “castigar a los indisciplinados” (aunque la supuesta indisciplina no sea tal, siendo el déficit consecuencia de la crisis y no al revés, o aunque los “castigadores” como Alemania, no fueran castigados cuando ellos mismos incumplían con esa misma disciplina). Lo importante es pagar a los bancos privados, que después de lucrarse inflando una burbuja financiera colosal, aprovechan su posición de poder para eludir o minimizar las que deberían ser sus perdidas, a costa de la ciudadanía y el Estado. Esto les da igual con tal de que no se caiga en el “Riesgo moral”. Pues bien, yo a esto lo llamo “riesgo inmoral”, y debería ser penado como cualquier conducta criminal.

En esto, también deberíamos tener memoria, y tanto que se habla desde la derecha de las raíces cristianas de Europa, deberían echar un ojo a las palabras de Martín Lutero en el siglo XVI:

“Los paganos pudieron creer, por arbitrio de razón, que un usurero era cuatro veces ladrón y asesino. Pero nosotros, los cristianos, los honramos y reverenciamos descaradamente por su dinero... Quien chapa, roba y quita a otro su alimento, comete un crimen tan grande (por lo que a él toca) como el que deja morir a otro de hambre y lo arruina. Y esto es lo que hace el usurero, sentado tranquilamente en su silla, cuando debiera estar colgado de un madero y comido de tantos cuervos como florines ha robado, si tuviese sobre sus huesos tanta carne que pudiesen saciarse en ella y repartírsela tantos cuervos.
Hoy en día, cuelgan a los ladrones pequeños... A los ladrones pequeños los ponen detrás de los hierros, mientras los grandes se pasean vestidos de oro y seda... No hay, pues,  sobre la tierra (después del diablo) ningún enemigo más grande del hombre que el avaro y el usurero, que quiere ser Dios sobre todos los hombres […] El usurero y el avaro querrían que el mundo entero pereciese de hambre, de sed, de luto y de miseria, si de él dependiese; para que todo fuese suyo y todos los hombres le perteneciesen como a Dios, siendo eternamente esclavos suyos. Y visten puntillas, llevan anillos y cadenas de oro, se limpian la boca y pasan por hombres buenos y virtuosos... […] El usurero quiere, pues, devorar el mundo y hacer como si le fuera útil y diera al mundo bueyes, cuando es él quien los arrebata y se los come... Y sí se pasa por la rueda y se corta la cabeza a los ladrones de los caminos, a los asesinos y salteadores, con tanta mayor razón debería pasarse por la rueda y sangrarse... arrojar a palos, maldecir y cortar la cabeza a todos los usureros”.

Si alguien no es capaz de ver reflejadas en estas palabras a los grandes bancos y a sus banqueros, que desahucian familias que no pueden pagar su hipoteca, aún quedándose con la propiedad de la vivienda, mientras reciben con la otra mano millones  de euros expropiados de los impuestos de estas mismas familias; si no es capaz de ver en estas palabras a Goldman-Sachs, especulando en el mercado de los alimentos y condenando a la hambruna y a la muerte a miles de personas en el tercer mundo; si alguien no ve en esto a los grandes empresarios que evitan pagar impuestos, si no ve en esto a sus políticos, cómplices y marionetas de los bancos y las grandes corporaciones, y vive  felizmente la ilusión de estar en una democracia; si no ve nada de esto, es que está realmente muy ciego. Y si lo ve y aún así sigue sentado impasible en su casa, y votando cada cuatro años a los partidos que promueven, apoyan o consienten estos abusos y rinden la política ante el poder económico sin ofrecer resistencia alguna, es que tampoco tiene gran cosa detrás de los ojos,  donde debería estar el cerebro, o bien que no tiene un corazón capaz de indignarse y revelarse.

Y si como sociedad no somos capaces de despertar y revelarnos ante todo esto, es que merecemos la soterrada esclavitud y la democracia de cartón que nos aguarda.

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(1) Para aquellos que estéis interesados, este texto, al igual que el de Lutero y así como otros muchos que relatan la crudeza de las condiciones de vida de los obreros en el capitalismo primitivo y salvaje al que estamos regresando, podéis leerlos en las notas que abundan en “El Capital” de Karl Marx. Algunas de estas notas son realmente escalofriantes, y reflejan la inhumanidad del sistema económico que nos rige.
(2) Hay múltiples ejemplos a lo largo de los últimos 60 años, el principal el "New Deal" que permitió recuperarse de la Gran Depresión después del crack de 1929, a través de medidas Keynesianas. Fuera del capitalismo, habría por supuesto muchas otras posibilidades.

miércoles, 1 de agosto de 2012

El discurso de la izquierda ante la austeridad

En estos días he visto varios artículos de Eduardo Garzón y Alberto Garzón entre otros, en los que se nos muestra claramente cómo el discurso dominante sobre la deuda pública y la necesidad de reducir el déficit es falsa y errónea. No obstante hay un debate a dos niveles que se ha mezclado en un todo informe, dando lugar al argumentario actual.

Por un lado, y lo más importante, sería que la deuda es, mayoritariamente, privada, y además, tal como se incide en el artículo de E. Garzón, muy concentrada en familias de grandes ingresos y sobre todo en grandes empresas.

Sin embargo, este argumento se oculta detrás de otro debate que se inició con los primeros recortes del PSOE y que tiene que ver, no tanto con si la deuda pública es o no alta, o si el déficit es o no aceptable, sino que acepta de facto la necesidad de recortes y se centra en la legitimidad de la clase política para decidir los “target” de dichos recortes; es decir, “¿Por qué congela Ud. las pensiones mientras tiene tres coches oficiales y 50 asesores?”, “¿Cómo nos piden sacrificios a los ciudadanos y no renuncian a sus muchos privilegios?, o “¿Cómo nos piden que nos apretemos el cinturón cuando ustedes los políticos dilapidan los fondos públicos en televisiones autonómicas ruinosas y aeropuertos sin aviones?”.

Es evidente que ambos argumentos tienen su razón de ser, pero el discurso oficial omite completamente el primero y deja que nos centremos en el segundo. Podemos repasar la infinidad e mensajes del tipo “Todos hemos despilfarrado”, “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, etc.

Podría parecer contradictorio que la clase política dominante centre nuestra atención sobre sus propios desmanes, pero cuentan con un apoyo electoral bastante inelástico, reflejado en un suelo electoral que se ha mantenido firme incluso en mitad de los mayores escándalos de corrupción. En este sentido, saben que es muy difícil hundirse completamente ante sus fieles. Además, una vez centrado ahí el debate, es muy fácil hacer pequeños gestos, que vuelvan a congraciarles con su electorado, aunque el efecto económico sea nulo o poco significativo (me quito la paga de navidad como diputado, pero sigo cobrando otros siete sueldos).

Esto tiene tres peligrosos efectos:

1- Nos distrae del verdadero problema, llevando el debate a un punto en el que se da por aceptado que hay que recortar el gasto público.

2- Propicia el recorte de la democracia, como estamos viendo con las peregrinas propuestas de reducir concejales, diputados, y demás cargos elegidos por el pueblo, y lo peor de todo, el discurso populista permite que el propio pueblo lo vea con buenos ojos.

3- ¿Cómo puede un político enfrentarse a este argumento sin parecer que lo que desea en realidad es que no se toquen sus privilegios y poder seguir “despilfarrando”?, ¿Cómo decirle a la gente que el despilfarro de los políticos no es lo importante?, ¿Cómo enfrentarse a los defensores de la -mal llamada- austeridad sin parecer un manirroto?

La respuesta a esta última pregunta debería ser, en mi opinión, no despreciar la segunda cuestión, sino encuadrarla siempre en su contexto y enfrentarse a ella de forma radical: ¿Austeridad? SÍ, TODA. Pero austeridad, tal como está definida la palabra, como ahorro en lo accesorio y lo superfluo, y dejando clarito que aún con eso, no arreglamos los problemas económicos de España. Algunos ejemplos:

- ¿Incompatibilidad de sueldo y pensión como ex alto cargo? ¡Por supuesto! Y ya que estamos, si se debate sobre este tema, propongamos la incompatibilidad de pluriempleos en el ejercicio de la función pública ¿Qué es eso de cobrar 78.000€ anuales como presidente del gobierno de España y más del doble, 150.000 como presidente del PP? ¿Es que es más importante, o requiere más trabajo gobernar el PP que el propio País? ¿Acaso no sale ese sueldo de los presupuestos públicos?… ¡Y eso que no hablamos de su sueldo como registrador de la propiedad: 325.000€ de nada y sin dar un palo al agua desde hace 20 años!... Pues bien, dejamos nuestra propuesta, que se vea que no estamos en contra de acabar con el despilfarro, y después la coletilla: “Eso sí, deberíamos hablar del verdadero problema, que no es el gasto público, sino la deuda privada que se está socializando”

- ¿Reducir cargos públicos?. Pues depende: reduzcamos asesores y demás puestos seleccionados "a dedo", sobre todo cuando se descubran ineficiencias, y legislemos de forma que los cargos públicos se ganen el sueldo, y no se vean esas imágenes tan pobres del parlamento casi vacío. Acabemos con las diputaciones provinciales, que nadie elige y nadie sabe para qué existen. Reformemos el Senado para que sirva para algo, o sí, eliminémoslo. ¿Se trata de reducir gastos? Pues limitemos los sueldos y las dietas de los alcaldes, concejales y demás, mediante un baremo claro que tenga en cuenta el tamaño del municipio, su población y el salario medio de la región, y con un máximo marcado por un porcentaje del sueldo del Presidente del Gobierno, que debería ser el mayor sueldo público junto con el del Jefe del Estado. Y después de proponer esto, la coletilla: “Eso sí, deberíamos hablar del verdadero problema, que no es el gasto público, sino la deuda privada que se está socializando”

Esto serían sólo dos ejemplos, pero puede haber muchos más. El que el gasto público no sea el problema determinante, no significa que no pueda instaurarse una política de austeridad, pero una de verdad. En parte, es lo que se hace desde partidos como IU, pero a veces con el propósito de rechazar medidas populistas, se corre el riesgo de votar en contra de la limitación de tal o cual privilegio, por aquello de “es que esto no es lo importante”, y eso crea una imagen altamente negativa para la izquierda entre la ciudadanía, que es justo lo que pretenden tanto los recortadores neoliberales, como los políticos y periodistas más populistas.

lunes, 23 de julio de 2012

Un negro horizonte

Una vez sobrepasada de largo la barrera de los 640 puntos en la prima de riesgo, y con la rentabilidad del bono a 10 años en un 7,5%, parece que nos acercamos a un momento realmente crucial para nuestra economía y nuestro futuro como país. Ninguna de las opciones que se abren ante nosotros me parece buena y factible al mismo tiempo, y desgraciadamente, las menos malas me parecen también las menos probables. Estos son, en mi opinión, los posibles escenarios en el corto plazo:
  1. El escenario más favorable, y a la vez el menos probable, es que Alemania y los países del norte, junto con el BCE, se den cuenta de la estrategia suicida que están siguiendo y cambien radicalmente su postura. El BCE debería comprar deuda soberana española y se deberían impulsar medidas reales y profundas de crecimiento para la zona euro y para la mutualización de la deuda (eurobonos), aunque ello pudiera implicar un incremento de la inflación, que es la mayor pesadilla de Alemania.
    A pesar de que, efectivamente, perjudicaría a corto plazo las exportaciones alemanas, sería la solución para el conjunto de la eurozona, y en el medio y largo plazo la economía alemana también se vería reforzada. Sin embargo veo este escenario altamente improbable, dada la cerrazón de Merkel, y a que sería renegar de la estrategia que inició ya hace años Alemania en solitario y que ahora intenta imponer al resto de la Unión Europea, consistente en devaluar sus salarios para ganar competitividad en el exterior. Hasta el momento, Alemania se está viendo beneficiada por la situación, ya que se financia gratis, y los países periféricos no pueden recuperar competitividad devaluando sus monedas. En este contexto, los incentivos para que Alemania cambie de parecer son casi nulos.
  2. El segundo escenario que contemplo, es que se produjese una gran coalición de los países mediterráneos junto con Irlanda e incluso con la nueva Francia del socialista Hollande. La presión conjunta en bloque, o incluso una amenaza por parte de estos países de salirse conjuntamente de la moneda única si no hay un cambio importante en la política económica –En este supuesto yo ya no metería a Francia por muy socialista que sea-, podría hacer que Alemania y el BCE se vean obligados a ceder a pesar de que sigan cerrados en su dogmatismo. Al fin y al cabo, la salida de un grupo importante de países del euro, junto devaluaciones de las monedas nacionales y auditorías de la deuda, implicaría de facto que los bancos alemanes dejarían de cobrar una parte importante de lo que les deben estos países. También lo veo muy improbable dado que la mayor parte de los gobiernos de estos países, de corte neoliberal, siguen los mismos dogmas y han dado muestras de sentir un verdadero terror, no ya de abandonar la moneda única, sino de rechistar siquiera ante las medidas que se les imponen. Por otro lado, tendría un importante coste en el corto plazo, ya que las tensiones del proceso perjudicarían a toda la economía de la zona euro. No obstante, una vez se consiguiese el objetivo de torcer el brazo alemán, y dependiendo de la profundidad del cambio de rumbo, se podría salir de la crisis razonablemente bien, y se había mantenido el euro como divisa fuerte y común.
  3. El tercer escenario que contemplo, es que se produjese una amenaza unilateral por parte de España de salirse del Euro si el BCE no alivia la presión sobre la deuda soberana española comprando bonos, y se produce un cambio de rumbo que importante en la política económica. La deuda privada española con la banca alemana es suficientemente grande por si sóla como para presionar en solitario a Alemania y conseguir algún avance. También lo veo muy improbable, sobre todo porque Rajoy ha sido desde el principio más papista que el Papa, y se ha liado a recortar incluso sin que se lo pidieran para agradar a su colega de partido Merkel. En cuanto a los efectos, tendría un coste similar, y posiblemente de mayor magnitud para la economía española, al que provocaría las tensiones de una amenaza de salida conjunta de los países periféricos, pero sería menor al coste de salirse efectivamente del euro. Las ventajas por otro lado, serían menores que las del punto anterior, ya que al no ser una acción conjunta, la iniciativa carecería de la misma fuerza, e incluso de la misma legitimidad y probablemente se conseguirían menos concesiones por parte de Alemania.
  4. El cuarto escenario es que, efectivamente, un grupo de países periféricos salgan del sistema euro y que organicen su propio sistema monetario dotándose de un banco central que funcione como tal, y dando prioridad a las políticas de crecimiento. Implicaría también en el corto plazo problemas debido a la falta de inversión y dificultades para financiarse en los mercados internacionales, así como eventuales bloqueos y represaliar por parte de los países que se quedaran en la zona euro, pero como explicába en el segundo escenario, se podría auditar la deuda para determinar cuál es deuda odiosa o ilegítima, y cual puede en consecuencia no pagarse, además de contar con un banco central que podría imprimir moneda y actuar como prestamista en última instancia de los estados comprando deuda pública. Sin embargo, el principal problema de esta idea, más allá de los costes, es el tiempo necesario para articular una acción conjunta semejante, con una moneda común para la Europa del sur.
  5. Llegamos a los escenarios que creo realmente más probables, y el primero de ellos, el más deseable, es la salida de España del euro (sí, lo he dicho: salir del euro no es lo peor que nos puede pasar).
    Dado que aún no nos han dado todo ese dinero en “condiciones extraordinariamente favorables” que diría Rajoy, al salir de la moneda única España podría fijar una convertibilidad con el euro, pasar todas las deudas a la nueva moneda, y posteriormente imprimir el dinero suficiente para pagarla, devaluando en el proceso dicha moneda. Los efectos positivos serían los clásicos de una devaluación de moneda: capacidad para pagar la deuda, dotarse de independencia en cuanto a política monetaria y mejora en competitividad. La parte negativa, sería de nuevo la dificultad en el corto plazo de conseguir financiación internacional y las posibles represalias, el encarecimiento de las importaciones y una inflación disparada. No obstante en el medio plazo (dos o tres años) permitiría a la economía española crecer a buen ritmo. Por cierto, cuando digo “permitiría”, quiero decir que lo posibilita, pero no lo asegura. Si España en solitario siguiera aplicando políticas de austeridad en lugar de establecer medidas anticíclicas de crecimiento, no llegaríamos a ninguna parte.
  6. Llegamos al sexto escenario, que desgraciadamente es el que me parece más probable y menor deseable de todos: El rescate total de España por parte de la UE, y la condena a una lenta agonía económica en la que todos nuestros esfuerzos se centren en seguir recortando suicidamente para desviar ese dinero a pagar la deuda que en su día bancos y empresas privadas españolas (y cajas semipúblicas controladas por políticos también, todo sea dicho) contrajeron con los bancos privados alemanes durante la burbuja inmobiliaria. Esto podría durar años o incluso décadas mientras que la economía española o la sociedad lo aguante.
Después podría suceder que, como parece que va a pasar ahora con Grecia, una vez exprimido el país, cuando nuestros acreedores hayan minimizado y diluido sus pérdidas, se nos abandone a nuestra suerte y se nos expulse entonces del euro.
Estas son mis previsiones desde una óptica puramente económica. Cualquiera de ellas sería mejor que mantener en el tiempo la situación actual de "rescate light", en la que el gobierno realiza todos los recortes que le "recomiendan" (o incluso cuando no se los recomiendan), pero en lugar de recibir a cambio 300.000 o 400.000 millones de euros, recibe una limosna de 30.000 millones. Por cierto, algún día habrá que analizar los efectos en nuestra situación de la política de negociación de Rajoy, consistente en dar todas las concesiones sin exigir contrapartidas equivalentes, y a la vez hacer declaraciones triunfalistas a los medios, haciendo ver que sus socios europeos han sido víctimas de su extraordinaria astucia y artes de trilero, con el consecuente cabreo de dichos socios.
Por otro lado, desde el punto de vista social, las consecuencias son, salvo en algunas las primeras opciones, de un sufrimiento enorme para las clases populares trabajadoras. Incluso también puede pasar que, llegados a un punto de no retorno, sean las armas las que hablen de nuevo en España o incluso en toda Europa.

lunes, 18 de junio de 2012

Somos idiotas...

Leo las portadas de los periódicos y me indigno viendo como desde la inmensa mayoría de los rotativos se insulta a nuestra inteligencia. Resulta que las elecciones griegas las han ganado los defensores del euro, como si Syriza, el partido de la "izquierda radical" griega no llevara toda esta campaña y la anterior diciendo que su objetivo es permanecer en el euro. Sin embargo, el discurso oficial de que Syriza son extremistas peligrosos que ponen en peligro la moneda única, se hace valer incluso dentro de la mente de los propios griegos, que lejos de rechazar las injustas e inútiles medidas impuestas por la Troika, han terminado votando a la derecha.

No se ven sin embargo titulares (salvo quien lea en internet la columna de Ignacio Escolar, o algún otro medio digital de izquierdas), donde se lea la verdadera noticia: que los estafadores y corruptos que, con la ayuda de la empresa en la que trabajaba el actual director del BCE, falsearon las cuentas griegas para entrar en el euro, sembrando las semillas de la tragedia actual, son los que han ganado estas elecciones, y lo que es peor, que es esta una victoria auspiciada desde el chantaje y aplaudida por los gobiernos y organismos neoliberales europeos. 

Los periodistas españoles, al igual que sus lectores, no parecen tener en la cabeza ningún atisbo de pensamiento crítico sobre lo que escriben. De esta forma, tenemos que:
  • Syriza es un partido extremista, como si fueran el reverso izquierdista de los neonazis de "Amanecer Dorado", a pesar de que cualquiera que lea su programa verá propuestas más que razonables. Es un programa que podría haber firmado el PSOE cuando se presentó a las primeras elecciones tras la dictadura, cuando aún era un partido de izquierdas.
  • Syriza, además, quiere sacar a Grecia del euro. Da igual lo que diga Syriza al respecto.
  • Según algunos medios, la prima de riesgo en España está por encima de 500 puntos por culpa de los Griegos, que votando a la izquierda nos pueden mandar a un infierno en la tierra. Nada tiene que ver en eso el pufo de Bankia o con los bandazos, improvisaciones y mensajes contradictorios de un gobierno absolutamente inepto. Tampoco sus mentiras, ya que son "el gobierno de la generación de confianza". La culpa de todo la tienen los griegos, la herencia de Zapatero y, por supuesto, los “perroflautas” del 15M y los antipatriotas que silban en los estadios deteriorando la "Marca España".
  • Cuando gana la derecha en Grecia, la prima de riesgo sube hasta rozar los 590 puntos, con la rentabilidad del bono español al 7,25%. Nadie parece plantearse que quizás el problema no era que pudiera ganar la izquierda en Grecia después de todo. Nadie se plantea que, al igual que en la fábula de la rana y el escorpión éste picaba a la rana que le llevaba a sus espaldas a la otra orilla del río aunque así morirían los dos, en la naturaleza de “los mercados” está el buscar el máximo beneficio inmediato, aunque sea a costa de agravar una crisis que amenaza con llevarse todo por delante. Por supuesto que a “los mercados” (las grandes fortunas y los grandes bancos y empresas financieras) les gustan las políticas de la troika: el despido barato, las privatizaciones, el desmantelamiento del Estado del Bienestar, pero ¿Qué incentivo tienen para no seguir especulando pese a estas medidas, si con ello obtienen más beneficios?
  • La -mal llamada- austeridad es necesaria e imprescindible. Da igual que desde que en 2008 empezara la crisis, no haya ni un sólo caso de pais en dificultades que haya mejorado aplicando semejantes medidas. Es más, todos los que se ha visto obligados a tomarlas, están hoy mucho peor que entonces.
  • La justificación de porque cuanto más se recorta, peor va la economía de un país, es que aún no se ha recortado lo suficiente. A nadie parece chirriarle en la cabeza este argumento.
  • El PSOE sigue siendo "la izquierda" a pesar de que gobernó muchos años con una política económica de derechas. Los de IU son unos comunistas descerebrados, a pesar de que es difícil encontrar alguna predicción sobre los desastres que traería Masstritch, la ultra-liberalización económica de la Europa de los mercaderes, la falta de unión política en Europa, o la construcción deficiente del euro, que no se haya visto cumplida.
Y no sólo es un problema de los periodistas y los propios ciudadanos. Mientras que la práctica totalidad de los economistas no adeptos de la "secta" neoclásica, encabezados por los Nobel Kugman y Stiglitz,  llevan meses, si no años, advirtiendo de que las medidas de austeridad generalizadas no son la solución a la crisis, los gobiernos europeos en bloque se empeñan en seguir la senda marcada por Merkel y compañía sin ofrecer más que tímidas resistencias. Queda por ver si, tras la esperanza fallida de Grecia, la Francia de Hollande es capaz de forzar un cambio de rumbo suficientemente intenso como para salir del agujero que estamos cavando.

Con todo esto, no me queda otro remedio que aceptar la verdad: Si nos creemos todo lo que nos dicen sin rechistar, es porque realmente somos idiotas...